Un poco de mi...

"El instante decisivo: el momento en que se alinean la cabeza, el ojo y el corazón"

 

Henri Cartier-Bresson

 

Hace casi veinte años tuve mi primer contacto con la fotografía. Ocurrió casi sin quererlo y me pareció maravillosa… casi mágica. Fue entonces que decidí estudiarla de manera formal.

 

Ingresé a la Escuela Activa de Fotografía y durante dos años y medio mi asombro inicial dio paso a un amor profundo y un respeto igual de grande por los hacedores de imágenes, pasados y contemporáneos. Desde entonces no he dejado de tener contacto con ella.

 

He tenido el privilegio de trabajar para instituciones culturales importantes de nuestro país como el INAH y el Museo de San Ildefonso. También di clases en la Activa de Fotografía por un periodo de casi 10 años especializándome en retrato, técnicas de impresión del S.XIX, técnicas alternativas y, posteriormente, en fotografía digital. 
 

Cuando incursioné en la fotografía de bodas, no me tomó mucho tiempo descubrir la maravillosa experiencia que es formar parte importante, por unas cuantas horas, de uno de los días más planeados y soñados en la vida de alguien. Un día en que las emociones están a flor de piel. Cada boda es diferente y cada pareja tiene un brillo propio. Cada uno de los momentos que se viven representa para mí, la oportunidad nueva e irrepetible de traducir en imágenes un día que merece ser recordado de la manera más bella y espontanea.
 

En un día tan especial, en el que todas las miradas están sobre ti, hay una que atrapa el tiempo de los besos y las risas, de las lágrimas y los abrazos, de los reencuentros y principios. Una mirada que traduce en imágenes únicas cada detalle. Fieles testigos que perdurarán a través de la memoria.